—Gorzod Ala-Gris, traigo noticias de Erwight de Entorbis. Desea renovar la alianza con vuestro pueblo —comenzó Ornux mientras miraba al poderoso chamán, cuyas pinturas de guerra brillaban bajo la pálida luz del fuego volcánico.
—Ornux, la sombra vaga por nuestras filas. ¿Por qué deberíamos confiar nuestro destino una vez más a vuestro señor? —replicó Gorzod con voz profunda y penetrante mientras apretaba su bastón.
—Porque el poder de Entorbis os otorga fuerza, porque nuestra alianza con Raga Gur y más allá puede conducir a un poder nunca antes visto —respondió Ornux, pero sintió que las palabras por sí solas no convencerían al orgulloso chamán.
Los orcos murmuraron entre ellos, con miradas cargadas de sospecha. Ornux se dio cuenta de que tendría que encontrar otra forma de obtener su aprobación. En ese momento de incertidumbre, se le ocurrió una idea.
—Gorzod, muéstranos una prueba de tu fuerza y sabiduría. Un duelo de magia entre nosotros. Si ganas, regresaré sin haber logrado nada. Pero si gano, renovaréis la alianza.
—Un duelo de magia, entonces. Muy bien, Ornux. Que decida el poder oscuro —rio Gorzod aceptando el reto.
El duelo comenzó bajo la atenta mirada de los orcos. Ornux y Gorzod se enfrentaron, cada uno invocando las fuerzas oscuras que controlaban. Pero Ornux no tenía intención de librar un duelo real. Con un hábil engaño, atrajo la atención de Gorzod hacia un punto detrás del chamán mientras murmuraba palabras suaves. Creó una ilusión, una visión del propio Erwight de Entorbis, otorgando su poder y bendición a Gorzod.
—¡Gorzod Ala-Gris, mira! El propio Erwight de Entorbis te muestra el camino. Vuestra fuerza es indiscutible, ¡pero juntos somos invencibles! —gritó Ornux mientras la figura de la ilusión se arrodillaba y pedía a Gorzod que renovara la alianza.
Sorprendido e impresionado por la visión, Gorzod bajó su bastón. —Si el mismísimo Erwight de Entorbis nos da su bendición, ¿quién soy yo para negar esta unión? La alianza queda renovada, Ornux. Pero ten cuidado, los orcos de Raga Gur no entrarán en combate a la ligera.
Ornux, aliviado por su éxito, sabía que esta treta era una apuesta peligrosa, pero necesaria para evitar una catástrofe mayor. Los orcos de Raga Gur volverían a estar al lado de Erwight de Entorbis, pero el futuro seguía siendo incierto, marcado por las sombras que se cernían sobre todos ellos.
Tres de los orcos de cara de cerdo y colmillos de sable espolearon a sus grandes cabalgaduras peludas y cornudas, agitando por encima de sus cabezas sus lanzas con estandartes rojos. Gritos agudos y gruñidos resonaron a lo lejos mientras la horda se ponía en marcha hacia el norte.
Vrenli fue llevado hacia el norte a lo largo del ancho río, sobre una pequeña cordillera y luego más al oeste, hacia una vasta zona boscosa.