—Las promesas son como la nieve en primavera, Ornux. ¿Por qué deberíamos unirnos a una alianza cuyos frutos nunca hemos probado?
—Porque estamos en el amanecer de una era en la que se redibujarán las antiguas fronteras. Vuestra habilidad y conocimiento podrían formar el núcleo de este nuevo mundo. No como siervos, sino como forjadores y guardianes. Puede que Ib'Agier nunca haya sido vuestra, pero el futuro podría pertenecer a todo Fallgar. Y ahí reside vuestro poder —explicó Ornux, con un fuego tranquilo en sus palabras.
—¿Y qué si decidimos seguir este camino y perdemos la batalla? ¿Qué entonces, mago de las sombras? —cuestionó Brumir con el ceño fruncido.
—Entonces, Brumir Piel de Hierro, habremos luchado y nos habremos levantado juntos de nuevo. Este no es un pacto de sumisión, sino de cooperación. Erwight de Entorbis os ve como aliados de igual fuerza —respondió Ornux con convicción.
Un momento de silencio los envolvió, en el que el viento parecía ser la única respuesta. Entonces, Brumir asintió lentamente.
—Ornux, tus palabras suenan a verdad, aunque estén rodeadas de sombras. Aceptaré tu propuesta. Pero ten en cuenta que la confianza de los enanos grises es difícil de ganar. Estaremos vigilantes.
—Que así sea, Brumir. Juntos forjaremos un nuevo camino a través de la oscuridad, un camino que nos lleve a un mañana donde el hierro y la sombra brillen a la luz de un nuevo mundo —dijo Ornux con solemnidad al despedirse.
Así terminó su conversación, un diálogo entre poderes que sentó las bases de un futuro posible. Una alianza forjada en la delgada línea entre la desconfianza y la esperanza, que ahora albergaba la posibilidad de romper las sombras y conducir hacia una nueva era.
Vrenli fue desplazado de nuevo.
Una multitud de criaturas diminutas, cuyas armaduras de malla gris plata reflejaban la pálida luz de la luna, salieron de la ciudad de los enanos grises por escalas de madera que llegaban hasta el borde del foso. Siguieron un camino hacia el norte, que los condujo a una zona boscosa despejada donde se estaban construyendo varias máquinas de guerra poderosas y destructivas. Voló a gran velocidad sobre las catapultas, balistas y torres de asalto, dirigiéndose hacia el norte, donde al cabo de un tiempo llegó a la tierra de Druhn.
Flotó más y más sobre el bosque salvaje, praderas, llanuras, arroyos y ríos hacia el noreste. Hacía mucho más frío y el paisaje estaba cubierto de nieve. Pudo ver a lo lejos un lago helado cubierto de niebla, en cuyo centro se hallaba una isla rocosa donde se alzaba una fortaleza construida de piedra negra y hierro oscuro, con una bandada de cuervos negros sobrevolando en el cielo nocturno sus cinco poderosas torres.